Pelear contra la vergüenza

La vergüenza es parte del ser humano, habita en nosotros de manera innata, se siente en pecho, paraliza la mente y el cuerpo, sin embargo, también puede ser buena cuando la usamos como mecanismo de defensa, o cuando la usamos como un motor que nos impulsa a hacer algo. Vaya que es útil.

Lamentablemente -en mi caso- la vergüenza ha sobrepasado un límite normal y me ha puesto contra el piso hasta el grado de vencer en prácticamente todas las batallas. La vergüenza ha sido mi máximo enemigo en los poco más de once años que llevo de carrera profesional, la he tratado con psicólogos, con amigos, incluso he leido mucho acerca de este problema, hasta el día de hoy nada me ha servido para vencerle.

Se ha convertido en mi mayor problema y creo firmemente que ha sido el principal limitante de mi desarrollo como empresario, me ha detenido tanto que incluso he querido cerrar mi empresa con tal de no pasar estos dilemas, y no lo he hecho por una simple razón, quiero darme el maldito gusto de vencerla, aunque en muchas ocasiones simplemente he deseado no seguir, está tan arraigada en mi y tantos años atrás que es parte de mi.

¿Qué es lo que me da tanta vergüenza?, todo viene del inicio de mis carrera como profesional, empecé dando clase en alguna universidad y esa decisión me aterró pero fue lo único que de inicio pude encontrar para trabajar, pero no me aterró por las materias que iba a impartir, fue por el escrutinio que harían mis alumnos de mi, recuerdo estar frente a las escaleras que llevaban al salón de clase, ahí parado me trataba de convencer a mi mismo de que no necesita esto, que ya conseguiría otro trabajo. Este fue el inicio de cómo enfrentarme al escrutinio de otra persona se ha convertido en un pesar muy grande, di clases en más escuelas y me convertí en un profesor estricto y sarcástico, esa capa me ayudó mucho para que mis alumnos se fijaran más en otras cosas.

Pero llegó la época de profesional y emprendedor, llegó el momento de enfrentarme a la realidad por mi mismo y fue muy duro encontrarme con que la vergüenza me impedía salir a vender mis servicios, así que me fui dando a conocer por medio de conocidos y familiares, únicamente las recomendaciones hicieron crecer mi negocio, yo seguía agazapado detràs de mi escritorio.

La vergüenza se apodera de mi y me da pena salir a vender mis servicios, hablar de ellos, promocionarme, siento una presión en el pecho que me hace sentir como si estuviera pidiendo limosna, como si la gente que eventualmente me fuera a contratar me estuviera haciendo un favor al darme trabajo, estando en eventos sociales me ha pasado que amigos me han querido presentar a otros empresarios para que les ofrezca mis productos y simplemente les he dicho que no, que no es el lugar, que no es el momento, o cuando no me queda más que hablar con alguien, no hablo de mi empresa ni de lo que hago, siento que me ven como a un oportunista y lo odio.

Es muy difícil lidiar con un problema crónico como el que tengo, he recibido tantos consejos, he planeado tantas estrategias para vencerlo, que simplemente me he dado por vencido en muchas ocasiones, he dejado que la empresa fluya por si sola y me he metido en muchos problemas por ello.

Cuando inicié este cambio personal que deseo tanto y después de leer una buena cantidad de libros he tratado de mejorar este aspecto, y hasta el día de hoy he tomado únicamente una importante decisión para no dejarme vencer y avanzar al mismo tiempo, tengo una cartera de cerca de 200 clientes, así que decidí empezar con ellos, empezar a venderles a ellos, a los que ya fueron mis clientes, esto lo uní con otra estrategia a la que llamé “una contacto al día” probablemente es poco, sin embargo han sido mis primeros pasos en la búsqueda de un cambio, veré si con el tiempo mi mentalidad sigue cambiando para buscar ser más ambicioso.

Lo que he aprendido hasta hoy es que no hay problema chico mucho menos es recomendable minimizar los problemas, siempre tendremos la oportunidad de ser mejores, habrá que establecer metas pequeñas y alcanzables para nivelar la situación, de nada sirve leer y ver si no estás en la disposición de cambiar, y para ello se necesita mucha disposición y entendimiento de tu vida y de lo que eres y vales realmente.

Yo tengo muy identificado que mi problema se gestó porque no quería que nadie me hiciera sentir mal -alumnos o clientes-, que nadie me hiciera menos o que se burlaran de mi, en mi mente todas las personas me veían como un mendigo, no valoré nunca a mi persona ni a mi trabajo, ni todo el conocimiento que yo tenía, y eso debe cambiar.

Por lo anterior es que debes primero hacer un autoexamen para saber cuál es la raíz del problema que te genera vergüenza y establecer un plan de acción, ahora se podría decir que casi -y repito- casi tengo claro que cuando un cliente me dice que no, no debo tomarlo personal -antes lo hacía todo el tiempo-, me dicen que no porque no es el momento adecuado, porque no tienen el recurso, porque ya alguien más se los cotizó más barato etc.

Hoy día sigue siendo uno de los principales monstruos pero por lo menos ya he conseguido un escudo muy resistente para combatirlo.

¿Qué te avergüenza?

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4 comentarios sobre “Pelear contra la vergüenza

  1. Es fantástico volver a leerle, me había acostumbrado a leerle más seguido, una disculpa por mi ansiosa espera.

    Me parece espléndido el tema de esta entrada, la vergüenza ha sido en mi algo más añejo. De hecho no puedo recordar una etapa de mi vida en la que no haya sentido vergüenza por promocionar algo, pero ese detalle nació por un asunto de familia.

    Mi madre y mi padre siempre fueron excelentes vendedores, no recibían un no por respuesta y se empecinaban en mejorar las ofertas o las condiciones del servicio a dar o de lo que quisieran obtener. Mi hermana mayor gozaba de una belleza tal en su juventud que no necesitaba pedir nada, jóvenes se desvivian por complacerla y la vergüenza no tenía cabida en su vida ya que “siendo hermosa, nada de lo que haga es mal visto”.

    Yo no tuve dicha suerte ni habilidad. La mofa y burla de otros fue acompañandome a lo largo de mi infancia, por mi físico o por las ocurrencias que decía, que yo consideraba cosas serias, lo consideraban un chiste…

    En mi adolecencia fue algo peor, ya que me enfoque más en el trabajo del negocio familiar, pero por ser una empresa en la que siempre estas “sucia”, pues más me avergonzaba de que me vieran o supieran del trabajo de mi familia.

    A los 18 años me sucedió que me eligieron la carrera de licenciatura y fue tal mi decepción que no me preocupe por caer bien o impresionar a mis compañeros y como mis amigos de secundaria y prepa se fueron a estudiar fuera, no tenía que esconderme de nadie. Mi vergüenza en teoría desapareció, claro que no del todo.

    El trauma sigue, pero me di cuenta de que la gente “llega a la edad en la que nada le da pena” y visten micro shorts, venden discos piratas, promocionan avon, jafra y de esas marcas; se casan públicamente, a veces van todos “mecos” de que están trabajando en construcción o algo similar, escuchan corridos y heavy metal a todo volumen; presumen a sus “bendiciones” tal como están…

    Y así

    Sin embargo aún me avergüenza promocionarme, o creer en mi misma, en lo que valgo y mis conocimientos, siempre pienso que hay alguien mejor, otros lo harían mejor.

    No me quiero sentir culpable si el negocio no les sale, o mi recomendación y planeacion
    fiscal no le brinda los mejores resultados… No me gustaría joderle la vida a alguien más.

    Mucho trabajo con un psicólogo eso hace falta.

    Agradezco que me lea, jeje todo el Rosario que le escribo y me halaga su invitación.

    Le mando un afectuoso abrazo y espero que aún haya entradas para terminar este año.

    Atte
    Citlally Luna

    1. Sin duda alguna es un tema muy interesante y cada persona lo siente y lo vive diferente. Te leo y me parece súper interesante tu historia y puedo percibir tu sentir.
      Me ausenté porque el trabajo me agobia y no tuve tiempo. Para el final de este año quiero seguir escribiendo y espero poder saber que nuevamente me has leído.
      Un abrazo muy grande.

  2. Me siento muy identificada con tu post. Creo que tenemos la misma limitación y que ambos estamos avanzando para superarla. Por si te ayuda, lo que me ha hecho avanzar a mi, ha sido encontrar el transfondo de porqué me pasa. Descubrí que la vergüenza y la parálisis son las consecuencias de otra cuestión: miedo a lo que opinen los demás. Esta es la raíz. Tú también lo mencionas y está claro que también te afecta, pero en mi caso, comprender qué estaba antes marcó la diferencia. Así me pude centrar en el enfoque correcto.
    Muchas gracias por este post tan honesto y valiente que te aleja un poquito más de tener una actitud vergonzosa.

    1. Muchas gracias por ese comentario en efecto ha sido el gran problema durante mucho tiempo. Y ahí vamos paso a paso. Gracias por el consejo. Un abrazo y espero verte por aquí de nuevo. Ví tu blog de rápido y me parece muy interesante lo que haces. Un abrazo.

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